Ingredientes base
Para una base doméstica utiliza cebolla, tomate maduro o triturado, aceite de oliva y sal. Ajo, pimiento o hierbas son variantes válidas según el plato. No hace falta añadir azúcar por sistema: primero prueba el tomate cocinado y corrige solo si su acidez lo exige.
Orden paso a paso
- Calienta una capa fina de aceite sin llevarla a humo.
- Añade la cebolla cortada de manera uniforme y una pizca de sal.
- Cocina a fuego medio-bajo, removiendo cuando empiece a agarrarse.
- Incorpora el ajo al final de esta fase para que no se queme.
- Añade el tomate y cocina hasta que reduzca su agua.
- Si usas pimentón, retira un instante del fuego, mézclalo y añade enseguida el siguiente líquido o ingrediente.
Cómo saber que está listo
La cebolla está blanda y ligeramente dorada, no crujiente. El tomate cambia a un rojo más oscuro, pierde volumen y el aceite vuelve a apreciarse en el fondo. El olor deja de ser ácido y vegetal para resultar más dulce y concentrado.
Errores frecuentes
Una sartén abarrotada cuece en vez de sofreír; demasiado fuego quema los bordes antes de evaporar el agua. Añadir tomate sobre cebolla aún cruda detiene su dorado. El pimentón quemado produce amargor y no se corrige añadiendo más tomate.
Preparar y congelar
Haz una cantidad mayor, enfríala rápidamente y reparte en porciones etiquetadas. Congela sin arroz, pasta, patata ni marisco: así la base sirve para más recetas. Descongela en nevera o directamente a fuego suave y lleva a ebullición antes de continuar.
Qué cambia según la receta
Para arroz seco interesa un sofrito concentrado, sin exceso de agua. Para guisos puede quedar algo más jugoso. En platos de pescado, evita que una cocción muy oscura domine sabores delicados. Anota las proporciones que funcionan en tus recipientes.
